iPods y Peter Pan
La única diferencia entre mi vida actual y la de hace diez años es que por la mañana, en vez de ir a clase, voy a la oficina. Traje y corbata, afeitado y con responsabilidades profesionales. Reuniones y conferences call con Londres y New York, unos millones de Euros que saco de un sitio para meterlos en otro, sin siquiera llegar a olerlos. Mi jefe me da una palmadita en la espalda. Mi madre está orgullosa de mí. Para esto me esforcé. Por la noche, vaqueros y risas, alcohol y tías. No me identifico con la corbata, prefiero creer que sigo siendo el de camiseta y bermudas. Pasan los años y sigo haciendo vida de estudiante. Ahora puedo comprarme juguetes más caros que no necesito, pero no quiero compromisos que sí necesito y no quiero. Es mejor cargar mi iPod con más música con la que aislarme en el metro y mientras camino por la GranVía como si fuera un desierto.
Prefiero vivir en mi mundo; creer falsamente, patéticamente, que el tiempo no pasa; que soy inmortal mientras el espejo me devuelva una imagen saludable. Huyo del dolor de la pérdida refugiándome en el ruido o en fantasías. Yo y los de mi generación somos muy buenos usando la imaginación para crearnos fantasías donde habitar… para siempre. No crezco porque no me curo. Y no me curo porque no asumo el dolor, ni las despedidas, ni las pérdidas. Es más fácil no crecer, seguir esperando el fin de semana y reír con los amigos. Que para postre, son iguales o peores que yo en esto de emular a Peter Pan.
¿Pareja estable? Por favor, qué concepto más desfasado… ¿Ser padre? Pero si no sé si he dejado de ser hijo… ¿Y las tías? No me calientes la cabeza…
Déjame seguir siendo un estudiante eterno, déjame que el ruido pueda acallar mi voz interior, déjame que mi entusiasmo de niño desborde y te confunda, déjame que esta aparente alegría lo tiña todo, déjame que me acerque a las mujeres con la inconstancia de un Don Juan, porque tengo miedo. Porque tenemos miedo.
El iPod representa nuestro miedo transformado en moda y droga. En huida y placer. Sí, llevo el iPod. Sí, me ves con los auriculares blancos en el metro, soy de tu misma generación, hablo tu lenguaje sofisticado, culto y vacío; sonrío por fuera y lloro adentro. Somos iguales, nos separa apenas un metro y estoy a mil años luz de ti. Que no pare. Más de 100 millones vendidos de iPods y subiendo...
Pero chaval, si te vas a morir. A ver cuándo despertamos, gilipollas.












